
NIÑA PERDIDA – NIÑA ENCONTRADA
Estoy delante de la mesa de mi habitación. Sigo el hilo que desde hace rato da vueltas y vueltas en mi cabeza, o quizás en mi memoria. Aquella que guarda los mil y un momentos, experiencias y situaciones vividas, experimentadas, que me han ido esculpiendo con ternura, pero a la vez con mano firme. Cierro los ojos y me dejo llevar; delante de mí pasan imágenes y recuerdos; la sonrisa se dibuja en mi expresión.
Veo a una niña que tan solo levantaba algunos palmos del suelo, marcando paquete con su pañal, decidida, señalando aquello que le atraía, aquello que quería.
Me detengo y la vuelvo a observar, ajena a todo lo que le rodeaba, despreocupada, desacomplejada, centrada en aquello que le llamaba la atención y, sin miedo alguno, pedía, exigía lo que quería, expresaba en aquel deseo todo su ser, toda su esencia del momento; para ella no había pasado ni futuro, solo presente.
Continuo: ahora me encuentro en el parque de la calle al lado de casa; juego a pelota con un niño pequeño algo mayor que ella y, a pocos metros de distancia, la niña sentada en el cochecito observaba, quizás diría que hasta aprendía. Su expresión era de tranquilidad absoluta, sin angustia alguna; SIENDO, disfrutando del momento, continuaba sin haber pasado ni futuro para ella, se mostraba confiada, se sentía llena, nada le faltaba, disfrutaba del momento… Observaba.
Giro un poco la vista y veo una, perdón, varias piscinas de diferentes municipios, el agua clara, fría al primer instante para después volverse cálida, invitándonos a disfrutar de ella. Las tarimas donde se lanzan los nadadores antes de empezar una carrera estaban abarrotadas de gente… Un momento, vuelvo a ver a aquella niña, aquel renacuajo que a duras penas levantaba un metro del suelo, subirse a aquellas tarimas para tirarse al agua como los demás, como los mayores. En un primer momento, el miedo me invade el cuerpo y me pregunto: ¿cómo puede ser que ella no le detenga el miedo? Dudo si gritar o vigilarla nadando cerca de ella. Decido lo segundo y, ¡zas!, ya volvía a estar dentro del agua. Pasado, futuro, expectativas, nada de todo eso, solo disfrutar de aquel momento; volvía a SER ella, tal cual.
Hace calor, hay poca gente, el agua clara y azul, estirado en el césped, dejo que el sol me envuelva y de pronto vuelvo a ver aquella niña cerca de las escaleras de la piscina, esta vez en la parte menos onda, aunque a ella le cubre de sobra. La miro, callo y observo. Se queda mirando el agua, alza la vista y diría que calcula la distancia que hay hasta las otras escaleras del otro extremo de la piscina. Al poco ¡zas! Vuelve a tirarse; sin embargo, ahora mueve brazos y piernas… quería nadar para llegar a su objetivo. Nada cerca de la pared de la piscina, el reto es mayúsculo y tenía que ser prudente, atrevida, pero prudente. Consigue llegar, sube las escaleras, vuelve al punto de partida y… otra vez al agua para hacer el mismo recorrido. Aquella tarde hizo ese trayecto muchas veces, iba aprendiendo, ganando confianza, se retaba, se probaba. Fijo la vista y vuelvo a ver esa mirada, esa expresión relajada, confiada, viviendo y disfrutando de aquel momento: ni pasado, ni futuro, ni expectativa alguna, únicamente disfrutando…
Hoy este mensaje lo he escrito para ti: “cuando sientas que te faltan las fuerzas, que el miedo y la duda te abruman, recuerda aquella niña, que tenía deseos e iba a por ellos, que estaba confiada, sabía que la vida le sostenía, que observaba y aprendía a cada instante, que era inquieta, que se desafiaba, que se atrevía, que disfrutaba de la vida y crecía; esa niña, sigue viva en ti, solamente tienes que conectar con ella, con esa fuerza, con ese impulso de vida que latía dentro suyo, porque lo sigue haciendo ahora y siempre; Ni pasado, ni futuro, sino un eterno presente lleno de alegría».
Josep María Verdaguer
“Artesano de la Esencia”
5 Comentarios
Muchas gracias.
Una gran reflexión y relato. Además el concepto de liberar a mi niña en vez de centrarme en sanarla me ha calado hondo.
Un gran abrazo querido Josep Maria
Gracias a ti por leerlo Rocío. Me alegra que llegue el mensaje, yo solo soy un transmisor. Seguimos en este emocionante juego que es VIVIR.!!!
Retomar esas fortalezas olvidadas de la infancia ,es una excelente oportunidad para ir hacia adelante. Gracias por recordarlo Josep.
Gracias Miguel, siiii, a veces nuestro ajetreado día hace que nos vayamos olvidando, y hay que tenerlo siempre presente. Gracias por leerlo. Un abrazo